Percepción social de la forma: las representaciones sociales

 

Guillermo Olguín Lucía Castellano

 

 

 

La actividad de diseñar implica un proceso de adaptación del entorno a las necesidades del hombre viviendo en sociedad. Ese entorno es el ambiente cultural en el que nos insertamos al nacer y que necesitamos inteligir para adaptarnos a él o modificarlo. A través del proceso de la percepción establecemos un contacto intelectual y afectivo con la realidad. Pero esa realidad que percibimos no es un dato objetivo sino una construcción social. Lo que nos permite reconocer la identidad de los objetos, nombrarlos y asimilarlos es la lectura de sus rasgos de tipicidad, en la medida en que sean compartidos por otros conocidos. Partiendo de esta identificación, el diseñador podrá convalidar y reproducir estos aspectos comunes reconocidos, o transgredirlos y modificarlos en distintas medidas. El espacio entre la reproducción y la recreación es el que justifica la acción de diseño.

 

 

1- Forma y percepción

 

Existen diversas disciplinas que convergen en el estudio de la forma poniendo énfasis particularmente en el objeto, el sujeto o el contexto.

 

La Geometría, centrada en el objeto, considera a la forma como una entidad abstracta. Se constituye como un área de conocimiento donde reina la objetividad, no dejando lugar para el equívoco o las diversas interpretaciones. Es el campo de las relaciones estructurales que concretan el nivel normativo que determina la forma. Esta disciplina aporta gran cantidad de conocimientos acerca de las formas pero nos presenta un concepto de forma aislado de un contexto histórico, y desvinculada de su concreción material.

 

La mirada morfológica verifica que hasta las más elementales configuraciones formales tienen diversidad de lecturas y posibilitan distintos significados.

 

La oposición entre la objetividad, entendida como realidad consensuada, y las múltiples interpretaciones, debe ser planteada como la posibilidad de dos niveles de lectura complementarios. El posicionamiento del sujeto no niega la rigurosidad geométrica, sino que le asigna un sentido.

 

 

Figuras 1 y 2. Exploraciones morfológicas

 

La Psicología entiende a la forma como un percepto partiendo de lo subjetivo. Analiza la percepción para construir la noción de forma (Gestalt). Este cambio de enfoque no se centra en el objeto sino en el sujeto poniendo a la forma en el centro de la actividad humana. La restricción de este enfoque es que los condicionantes del aparato sensorial y mental son de índole personal, dejando de lado la existencia de un contexto social e histórico.

 

El aporte más valioso de la Semiótica al estudio de la forma es el de su consideración como entidad significante. Este enfoque o corriente de pensamiento está centrado en los Sistemas de Significación Social. En este sistema, la forma se considera un constructo cultural, y asume un significado que remite a otros significados tejiendo una trama sobre la que se desarrolla la vida social.

 

Diversos pensadores que han abordado la noción de forma coinciden en que el concepto de la misma no es inherente a la materia. Si bien la existencia de la materia es anterior a la especie humana, no puede ser considerada como forma hasta la asignación de un sentido dado por el hombre a partir de su apropiación.

 

A su vez el hombre es un ser social, inmerso en un contexto social y cultural. Esto trae como consecuencia la consideración de la forma como un mundo dinámico y variable, producto de las relaciones propias de ese contexto.

 

La aprehensión de la forma es compleja y es consecuencia de múltiples condicionantes tanto físicos como psicológicos del observador. Frente a un objeto, éste estructura la imagen de la forma de manera instantánea en base a impulsos que filtra y articula de acuerdo a los esquemas de aprendizaje y a las pautas culturales que haya asimilado a lo largo de su vida.

 

El hombre lee la realidad sobre una base de datos sensibles que son mediatizados por un circuito de sentido que hace a la forma inteligible. Entre el perceptor y el fenómeno se interpone un tamiz, una malla conceptual compuesta por el saber, los afectos y las creencias. Los estímulos provenientes del medio deben ser interpretados por el sujeto para constituirse en conocimiento a través de un desciframiento cognitivo. Esto presupone un capital gnósico acumulado por el sujeto, con el que confronta cada nuevo percepto. El percepto es, en consecuencia, una vivencia subjetiva surgida de la activación de un significado por parte del estímulo visual contemplado por el sujeto, quien lo inserta con congruencia en su mapa de conexiones conceptuales y afectivas.

 

El sujeto construye la imagen, así como la imagen construye al sujeto. De esta manera, el hombre se constituye en participante emocional y cognitivamente activo, en un organismo psíquico sobre el cual actúa a su vez la imagen.

La función biológica de los sentidos no es entonces la de aprehender formas, sino la de recibir los estímulos del medio, a fin de poder descifrar significados.

La percepción visual no es un automatismo sensorial. Nuestros órganos sensoriales no son perceptores neutros, pasivos, automatizados e inocentes sino que están condicionados y sujetos a un aprendizaje cultural.

 

Nuestra percepción, según lo plantea Román Gubern, está condicionada por distintos factores:

 

El factor fisiológico está determinado por nuestros receptores sensoriales que, salvo algunas desviaciones particulares son universales

 

El factor individual, depende de condicionamientos subjetivos que devienen de las experiencias y la historia particular de cada sujeto y determina escalas de valores, expectativas, preferen­cias o aversiones.

 

Por último el factor social, que está determinado por las tradiciones, convenciones y hábi­tos compartidos que remiten a la historia del grupo social al que pertenece el sujeto perceptor.

 

“Estos tres niveles podrían designarse como fisioperceptual (caracterizado por su determinismo biológico y su automatismo), etnoperceptual (propio de cada cultura) e idioperceptual (propio de cada sujeto particular).”(Gubern 1996:18)

 

Estos factores han sido abordados por distintas corrientes teóricas a lo largo del tiempo de acuerdo a los paradigmas propios de cada momento histórico. En el marco de la relación forma - contexto, nos interesan en particular los aportes de la psicología social para la comprensión del grupo de condicionantes socioculturales.

 

 

2- Núcleo figurativo / rasgos de tipicidad

 

El concepto de lectura está presente en todo el proceso de diseño y es el que ordena y da normatividad al paso de lo abstracto a lo concreto. En la etapa correspondiente al análisis, es una herramienta para clasificar, seleccionar, ordenar y jerarquizar información; en el programa, para reconocer rasgos de tipicidad; y en la determinación de las primeras ideas, este concepto se torna generativo a partir de la decisión del diseñador de establecer distintos niveles de jerarquización, confirmación u oposición a lecturas convencionales. En el desarrollo del proyecto es además, estrategia para la proposición de alternativas.

 

Figura 3. lectura de un producto, rasgos de tipicidad

 

La lectura permite, a partir del reconocimiento de categorías, comprender el significado de los objetos existentes e imaginar la concreción de otros potenciales. Estas categorías, provienen de dos campos diferentes.

 

Una de ellas, la de los componentes, está determinada por aspectos conformativos, pudiendo reconocerse a los mismos como las partes de un todo, o como unidades de un sistema reconocibles a través de la variable continuidad / discontinuidad.

 

La otra, se fundamenta en los procesos de comunicación que se establecen entre los objetos y el hombre: las categorías funcionales, son entonces aquéllas que permiten identificar en el objeto sectores que concretan las diferentes posibilidades de acción promovidas por el mismo.

 

La existencia de determinadas categorías funcionales y sus relaciones sintácticas intrínsecas y extrínsecas, en particular la escala, definen la identidad del producto y permiten su nominación.

 

 

Entendemos que los procesos de percepción están determinados por los factores antes desarrollados, consecuentemente, la lectura del objeto está condicionada por los marcos de aprehensión que proporciona el bagaje cultural de los sujetos. A partir de la investigación desarrollada tomando como eje a este concepto, es que encontramos fuertes relaciones teóricas con otro: el de representaciones sociales desarrolladas por la psicología social.

 

El eje de la línea de trabajo de Denise Jodelet puede caracterizarse como la necesidad de dar cuenta de los procesos sociales, de integrar lo psicológico dentro del conjunto de la vida social, para entender la manera en la cual el pensamiento social construye la realidad actual de nuestras sociedades. De acuerdo a este marco conceptual, pensamos e interpretamos la realidad a través de representaciones sociales, que son formas de conocimiento socialmente elaboradas y compartidas que se transmiten a través de la tradición, la educación y la comunicación social. Una representación social implica una preparación para la acción que no sólo guía el comportamiento sino que remodela y reconstituye los elementos del medio en que el comportamiento tiene lugar.

 

Las representaciones sociales son entonces conjuntos dinámicos destinados a interpretar y construir lo real interviniendo sobre las interacciones y los comportamientos de los sujetos y las relaciones con el medio.

 

Se trata de un conocimiento práctico que da sentido a acontecimientos y actos que terminan por sernos habituales, participando así en la construcción social de nuestra realidad.

 

Moscovici entiende además que la función de estos sistemas de ideas es contribuir al proceso de formación de conductas.

 

Las representaciones sociales se presentan bajo la forma de imágenes que condensan un conjunto de significados, de categorías que sirven para clasificar distinto tipo de fenómenos, y de sistemas de referencias que nos permiten interpretar lo habitual y cotidiano.

 

Para explicar la interrelación de los procesos social y psicológico en la formación de las representaciones sociales, Jodelet formula un doble mecanismo: la objetivación y el anclaje.

 

La objetivación “consiste en la operación formadora de imagen, es una operación estructurante y da cuenta de lo social en la representación.” (Correa 1999 [2003: 152]) Este proceso implica la formación de un núcleo figurativo, que supone una esquematización que organiza como imagen mental ciertos componentes del objeto representado.

 

El anclaje implica la integración de un pensamiento a sistemas preexistentes. En este proceso “se construyen redes de significados alrededor del objeto que se relacionan con el sistema de valores y pautas culturales de un grupo. Jodelet habla de un enraizamiento de la representación en la vida social de los grupos.” (Correa 1999 [2003: 153])

 

Entre objetivación y anclaje se da una relación dialéctica en la que entran en juego la cristalización de una representación en torno a un núcleo figurativo y la interpretación de la realidad que implica una orientación de los comportamientos.

 

La formación de un núcleo figurativo se convierte en una guía de lectura para comprender la realidad. El núcleo, la parte más estable, establece el carácter normativo de las significaciones que comporta y está anclado en la memoria colectiva del grupo que lo elabora. Los elementos periféricos permiten dar modelaciones particulares. La discusión por el fenómeno de cambio de las representaciones, desde esta perspectiva, pasaría por la modificación del núcleo, la parte más estable, ya que cualquier alteración que perturbe a los elementos periféricos puede neutralizarse en función de la significación del núcleo central.

 

Haciendo una transposición de estos conceptos al campo del diseño, podemos relacionar la noción de núcleo figurativo con el esquema mental que construye el perceptor a partir de la síntesis de rasgos de tipicidad que permiten la identificación del objeto a partir de una relación paradigmática. Esta noción se inserta en el campo de lo conocido, de lo normado o de lo habitual. En este sentido la posibilidad de producir cambios en la lectura convencional de los productos se concretaría a través de una propuesta alternativa que produjera una ruptura en el núcleo figurativo del producto, mientras que al proponer variantes se estaría trabajando sobre los elementos periféricos del mismo. Este espacio entre la reproducción de modelos y su ruptura es el que justifica la acción de diseñar.

 

Abordar la práctica del diseño desde el conocimiento de los modos de aprehender la forma de un determinado grupo social sitúa al diseñador en el lugar de la crítica en el que la polaridad reproducción / transgresión encuentra niveles de justificación válidos. El conocimiento de los marcos culturales y las capacidades interpretativas, pone a este actor en un lugar esencial si asumimos que a través de sus operaciones culturales, se modifican o confirman conductas y maneras de relacionar a los destinatarios de sus intervenciones.

 

Es objetivo de la morfología hacer evidentes estos procesos a fin de que sean marco teórico referencial de las prácticas de los alumnos en procesos proyectuales en los que aspectos contextuales están limitados a vagas definiciones de potenciales usuarios o a relaciones con el mercado.

 

En Morfología 3 de la carrera Diseño Industrial de la FAUD, UNC, se desarrolla un trabajo práctico, Significación de la forma, que tiene por objetivo establecer una metodología para abordar la significación de los objetos, contemplando su análisis y producción en relación a su contexto y a otros productos del mismo tipo.

 

El trabajo parte de la selección de una práctica social determinada que es analizada desde los distintos niveles que plantea la teoría del habitar.

 

En una primera etapa, de investigación, se trabaja sobre la detección de normas y justificaciones que rigen dicha práctica reflexionando sobre la historicidad de los productos que la posibilitan, para poder abordar el plano de la crítica desde el nivel significativo. Con esto, se intenta desnaturalizar la práctica y los modos en los que se desarrolla poniendo en evidencia los aspectos normativos variables a partir de sus cambios contextuales o histórico - culturales.

 

Esta ejercitación cobra sentido en la medida en que se van detectando los productos de diseño implicados en la concreción de las secuencias de acción correspondientes. Así, se aíslan del contexto espacial objetos de distinta denotación cuya presencia es posibilitante de las conductas previstas. Estos agrupamientos, asociaciones sintagmáticas, ponen en evidencia las prioridades funcionales asignadas a los mismos y la jerarquización de necesidades.

 

Esta etapa es transferible a los procesos proyectuales al momento de reconocer aspectos programáticos vinculados a las actuaciones y a la asignación de aspectos connotativos.

 

En un segundo momento, a partir de la selección de uno de los productos integrantes del sintagma, se propone otro tipo de asociación, en ausencia, con otros con los que comparte la denotación y en consecuencia, los rasgos de tipicidad o núcleo figurativo. El análisis realizado permite ser asociado con el proceso proyectual en la búsqueda de antecedentes y las relaciones de un producto a diseñar con los existentes en el mercado. La lectura de elementos propios o “cliché” de cada tipo de objetos, es de particular interés a partir de estas “cadenas paradigmáticas”, lo que de alguna manera convalida la idea de las representaciones sociales validando lo esperado o habitual en un determinado tipo de productos.

 

Proponer al alumno posicionarse en una mirada crítica, permite la formulación del cierre del trabajo con la consigna de descubrir un “eslabón” posible en la cadena paradigmática. No se pretende que el alumno diseñe un producto como respuesta a esto, sino que plantee cuestiones programáticas a partir de la detección de una oportunidad para el diseño.

 

Como síntesis del trabajo, eminentemente reflexivo, el alumno debe reconocer la construcción cultural de estas representaciones sociales y su carácter mutable a fin de posicionarse en el eje de la confirmación y reproducción de las mismas o en el de la transgresión, entendida como recreación de normas, actividad esencial del diseño. Dicho de otra manera, la modificación de elementos periféricos o la transformación de la parte más estable de los productos, su núcleo figurativo, marcaría los extremos de una línea propositiva característica de los diseñadores

 

 

Referencias bibliográficas

 

GUBERN, Román. (1996) Del bisonte a la realidad virtual. La escena y el laberinto. Barcelona. Editorial Gedisa.

 

CORREA, Ana M. (1999) Notas para una Psicología Social... como crítica a la vida cotidiana. Córdoba. Ed. Brujas 2003

 

 

Notas biográficas

 

Nombre: Guillermo J. Olguín. Universidad Nacional de Córdoba. Arquitecto, Especialista en docencia universitaria. Profesor Titular de Morfología I, II y III de Diseño Industrial. FAUD UNC. Director del Curso de Nivelación de la FAUD UNC

Publicaciones: Coautor del libro: Leer la forma. Estudio sobre la morfología aplicada al diseño. (2009) Buenos Aires. Redargenta Ediciones

E-mail: guilleo61@ciudad.com.ar

 

Nombre: Lucía Castellano. Universidad Nacional de Córdoba. Arquitecta, Especialista en enseñanza de la educación superior. Profesora Adjunta de Morfología I, II y III de Diseño Industrial. FAUD UNC. Codirectora del Curso de Nivelación de la FAUD UNC. Subdirectora del CIDIC Centro de Investigación en Diseño Industrial Córdoba FAUD UNC. Directora de la ARS Córdoba de SEMA

Publicaciones: Coautora del libro: Leer la forma. Estudio sobre la morfología aplicada al diseño. (2009) Buenos Aires. Redargenta Ediciones

E-mail: luciyita@yahoo.com